sábado, 26 de mayo de 2012

Ser abstemio: una forma de cuidar nuestra cabeza.

Ser abstemio, más que cuestión de gustos, es también una cuestión de principios. Es como no fumar, o no llevar una vida adecuadamente sana. La razón es la siguiente: es de amplio conocimiento médico que el alcohol es bastante nocivo para las neuronas y también para el sistema nervioso, con lo cual se deduce que es malo para el funcionamiento de nuestra mente, nuestro cerebro. Osea, que quien se premie de cuidar su intelecto leyendo y cultivándose, pero no lo haga intentando evitar el alcohol y el tabaco, pues está cayendo en una vulgarcita contradicción. Y es doblemente contradicción por ser justamente un asunto intelectual, por lo que caer en una contradicción hace que sea doble pecado intelectual.

Personalmente, evito el alcohol por ese simple motivo: Creo que mi mente es mucho más importante que una pequeña euforia, perfectamente simulable al estado de felicidad o exaltación que podemos adquirir sin necesidad de morfarnos nuestras neuronas cual cerdo al horno.

Incluso, hago ejercicio por esa razón: El ejercicio es sano para la circulación, por lo cual es bueno para nuestro cuerpo y por consiguiente para nuestra mente. En síntesis: baso mi vida sanitaria en cuidar a mi cerebro, mi cabeza. A ver hasta cuándo me dura (si es que ya no estoy alucinando, y en realidad estoy acostado con una camisa de fuerza en algún sanatorio mental, imaginándome bloggero. No me sorprendería tanto). Quien sabe, quizá la cabeza sólo la cuidamos los que la tenemos en déficit, así como la gente con su salud. Es irónico y triste ver que recién empiezan a cuidarla cuando la tienen perdida, que recién empiezan a protegerse cuando tienen sida. No lo juzgo, sólo lo disfruto.


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